Aún tengo recuerdos de mi niñez en los que no importaba si me desvelaba un día entre semana, porque finalmente al día siguiente mi madre me despertaría, me prepararía un rico desayuno y me llevaría a la escuela sin importar que esté medio dormido aún; esos tiempos eran en los que podías hacer y deshacer sin mayor preocupación porque finalmente eras un niño y si cometías un error lo peor que podías recibir de tus padres es que te llamen la atención.
Al transcurrir del tiempo han cambiado muchas cosas en nuestra forma de pensar, de actuar inclusive en nuestra forma de reaccionar. Ya no soñamos con poder cambiar el mundo, con poder salvar a las personas si somos doctores o bomberos, sino todo lo contrario, nunca falta el comentario de alguno de nosotros “Pobrecito es que apenas es un niño” refiriéndonos a alguien que es menor a nosotros. Nunca faltan los primos grandes que no quieren platicar con los más chicos porque ellos hablan de volar, de salvar al mundo y ser buenos y no saben que el mundo no es así.
Seguramente a estas alturas te estarás preguntando ¿Por qué hablar de niños si lo que esperas leer es algo sobre lo que debes hacer para ser un buen emprendedor? Pues tengo que decirte que el problema de muchos emprendedores es que se han olvidado de hacer eso que hacían cuando eran niños, se han olvidado de querer cambiar el mundo, se han olvidado de ayudar al prójimo y de tomar decisiones afrontando las consecuencias que estas conlleven.
Los emprendedores deben de lanzarse a realizar sus proyectos mientras sueñan en cómo se verán en 2 o 5 años, deben de buscar que con su proyecto puedan ayudar a otros, finalmente las organizaciones no se tratan de ganar y hacer perder, sino que se tratan de ganar y hacer ganar, se tratan de crecer y hacer crecer; si no hay estas intenciones en los emprendedores no lograran ser buenos emprendedores.
Pero si hay algo que me impresiona, es que los niños viven en nuestro mundo y aún así no están preocupados por todo lo malo que sucede sino todo lo contrario por muy feo que sea el día, siempre dibujan un sol y una sonrisa en sus hojas. Pues en mi opinión los emprendedores deben ser esos sujetos que transmiten alegría, pasión, coraje y energía a sus organizaciones, las cuales ellos mismos han fundado.
En conclusión, un buen emprendedor sigue siendo un niño; un niño que sueña, imagina, hace y deshace y en definitiva se divierte mientras hace su labor.
Preguntas para reflexionar:
¿Has tratado de volver a pensar como niño, pero utilizando los conocimientos que te ha dado tu edad? ¿Alguna vez has tratado de encontrar inspiración en un niño?